El termómetro del camión refrigerado tiene dos problemas: mide la temperatura del equipo de frío (no de la carga) y no deja registro. Cuando la autoridad sanitaria pide el historial de temperatura del traslado, la respuesta suele ser una planilla armada a mano: o nada.
La temperatura dentro de un compartimento refrigerado no es uniforme. La zona cercana al equipo de frío puede estar a −18 °C mientras la zona de la puerta está a −12 °C. Con un solo punto de medición cerca del equipo, la carga del fondo puede pasar horas fuera de rango sin que nadie lo sepa.
Por eso el estándar correcto son dos sensores inalámbricos, uno por zona: delantera y trasera. Sensores BLE de alta precisión (rango −55 °C a 150 °C, certificación IP67) que transmiten continuamente a un GPS con Bluetooth que actúa como hub.
Medir no basta: hay que actuar a tiempo. Si la temperatura sale del rango definido, la plataforma genera una alerta inmediata que llega al centro de monitoreo con un procedimiento asociado: contactar al conductor, verificar el equipo de frío, decidir si la ruta continúa o se desvía.
La diferencia entre perder un cargamento de vacunas y salvarlo suele ser el tiempo entre la desviación y la primera llamada.
La normativa sanitaria chilena exige trazabilidad de temperatura en el transporte de alimentos y productos farmacéuticos. Con registro continuo en plataforma, el historial completo del traslado (temperatura, timestamps y posición GPS) se exporta en PDF en minutos. Sin papel, sin Excel, sin invento.
Además, si el sensor tiene contacto magnético, cada apertura de puerta queda registrada con hora y ubicación: sabes exactamente cuándo y dónde se rompió la cadena.